La Ciencia y el misterio de la Virgen de Guadalupe

La imagen de la Virgen de Guadalupe, albergada en la Basílica sobre el cerro de Tepeyac, que tiene metro y medio de estatura, está hoy protegida por un cristal, pero durante 116 años, hasta 1647, estuvo sometida al polvo, a la humedad, al salitre del próximo lago Texcoco, a los excrementos de moscas e insectos, al humo de centenares de velas votivas, al contacto de los dedos, medallas, cruces, rosarios, anillos, pulseras y toda clase de objetos. Razón de sobra para que estuviera enormemente deteriorada, y no es así.

La imagen está tan fresca y el colorido es tan brillante como si se acabara de pintar .

La fibra de maguey que constituye la tela de la imagen, no puede perdurar mas que 20 o 30 años. Hace varios siglos se pintó una réplica de la imagen en una tela de fibra de maguey similar, y la misma se desintegró después de varias décadas. Mientras tanto, a casi 500 años del milagro, la imagen de María sigue tan firme como el primer día. La ciencia no se explica el origen de la incorruptibilidad de la tela, un verdadero fenómeno inexplicable.

En el año 1791, mientras un orfebre limpiaba el marco del cuadro, se vuelca accidentalmente ácido muriático (en proporción de un 50% de ácido nítrico y 50% de ácido clorhídrico) en el lado superior derecho de la tela produciendo un agujero de cerca de 10 centímetros. En un lapso de 30 días, sin tratamiento alguno, se reconstituye milagrosamente el tejido dañado.

No se ha descubierto ningún rastro de pintura en la tela. El Ingeniero Richard C. Kuhn, premio Nobel de Química en 1938 y director de la sección de química del Kaiser Wilhelm Institut de Heidelberg (Alemania), hizo análisis químicos en dos fibras del ayate (roja y amarilla) en los que se pudo constatar que la imagen no tiene colorantes naturales, ni animales ni mucho menos minerales y en aquella época no existían los colorantes sintéticos. Estudios científicos no logran descubrir el origen de la coloración que forma la imagen, ni la forma en que la misma fue pintada. No se detectan rastros de pinceladas ni de otra técnica de pintura conocida.

A inicios del siglo XX, exactamente el 14 de noviembre de 1921, un hombre obrero, el pedrero Luciano Pérez Carpio un español anarquista, escondió una bomba de alto poder entre un arreglo floral, el cual colocó a los pies de la tilma. La explosión destruyó todo alrededor, menos la tilma, que permaneció en perfecto estado de conservación.

La ciencia descubrió que los ojos de María poseen los tres efectos de refracción de la imagen de un ojo humano. En 1929, Alfonso Marcué, quien era el fotógrafo oficial de la antigua Basílica de Guadalupe en la ciudad de México, descubrió lo que parecía una clara imagen de un hombre con barba reflejada en el ojo derecho de la Virgen. Desde entonces, el misterio de esas pupilas interroga a la ciencia. Mas de 20 años después, el 29 de mayo de 1951, el dibujante mexicano José Carlos Salinas Chávez, luego de examinar una buena fotografía de la cara de la imagen, redescubre la imagen de lo que parece ser un busto humano reflejado en el ojo derecho de la Virgen, y luego también en el ojo izquierdo. El médico oftalmólogo mexicano Dr. Javier Torroella Bueno, el 27 de marzo de 1956, en lo que constituye el primer reporte emitido por un médico sobre los ojos de la imagen, él certifica la presencia del triple reflejo (Efecto de Samson-Purkinje) característico de todo ojo humano normal vivo y afirma que las imágenes resultantes se ubican exactamente donde deberían estar según el citado efecto, y también que la distorsión de las imágenes concuerda perfectamente con la curvatura de la córnea. Ese mismo año otro oftalmólogo, el Dr. Rafael Torrija Lavoignet, examinó sin la protección del cristal los ojos de la imagen, con mas detenimiento y con la utilización de un oftalmoscopio, confirmando el hallazgo del Dr. Torroella y reportando la aparente figura humana en las córneas de ambos ojos, con la ubicación y distorsión propias de un ojo humano normal, notando además una inexplicable apariencia «viva» de los ojos al ser examinados.

En los estudios realizados por el Dr. Javier Torruela, a los ojos de María, ha detectado también que al acercarle la luz, la retina se contrae y al retirar la luz, se vuelve a dilatar, exactamente como ocurre en un ojo vivo.

Estos son misterios que hacen de la Virgen de Guadalupe un verdadero enigma del que solo la fe tiene respuesta.